Los peligros del colesterol bajo (A. Moritz)

En lugar de preocuparse por los niveles altos de colesterol, parece que haríamos mejor en hacerlo por los niveles bajos, que comportan un riesgo importante de padecer cáncer, enfermedades mentales, derrames cerebrales, suicidio, hepatitis, anemia y sida. Unos estudios realizados en importantes hospitales alemanes han comprobado que los niveles bajos de colesterol están relacionados con elevadas tasas de mortalidad. Cuando los niveles de colesterol descendieron a 150 mg por cien, dos de cada tres pacientes afectados murieron. La mayoría de los pacientes con elevados niveles de colesterol se recuperaron de todas las dolencias que tenían. Asimismo, la longevidad en las residencias de ancianos está asociada a niveles de colesterol más bien altos. Unos estudios recientes, publicados en el British Medical Journal (BMJ),
indican que un nivel bajo de colesterol total en sangre podría incrementar el riesgo de suicidio.
Un estudio publicado en Tl>e Lancet en 1997 demostró que los niveles altos de colesterol están asociados a la longevidad, especialmente entre las personas ancianas. La investigación sugiere que las personas mayores con altos niveles de colesterol viven más tiempo y tienen menos probabilidades de morir de cáncer o de una infección. Médicos del Hospital de Reikyavik y de la Clínica de Prevención de Cardiopatías de Islandia han señalado que los principales estudios sobre el colesteroi no habían incluido a personas ancianas. Por tanto, cuando estudiaron la mortalidad total y el colesterol en sangre de los mayores de 80 años, observaron que los hombres con niveles de colesterol superiores a 6,5 tenían una tasa de mortalidad equivalente a la mitad de aquellos cuyo nivel de colesterol era de alrededor de 5,2.
el nivel «sano». En apoyo de este allazgo, científicos que trabajan en el Centro Médico de la Universidad de Leiden, en los Países Bajos, observaron que «por cada inmol/l de aumento del colesterol total se produce un descenso de la mortalidad del 15 %». Un estudio realizado entre los maories en Nueva Zelanda demostró que quienes tenían los niveles más bajos de colesterol en sangre presentaban las tasas de mortalidad más altas.
El estudio del corazón de Framingham también comportó hallazgos similares. Cuarenta años después del inicio del estudio del corazón de Framingham, los investigadores examinaron la mortalidad total y el colesterol. Descubrieron que «no hubo una mayor mortalidad total con niveles altos o bajos de colesterol en suero» entre hombres de más de 47 años de edad. Además, no se halló ninguna relación en mujeres mayores de 47 años o menores de 40 años. Sin embargo, los científicos concluyeron que las personas cuyos niveles de colesterol descienden pueden correr un riesgo mayor.
Lo mismo se aplica a los niños. Un estudio con niños de siete a nueve años de edad de seis países reveló la existencia de una importante correlación entre un nivel bajo de colesterol en sangre y las muertes infantiles en esos países. La tasa de
mortalidad aumentó drásticamente al descender los niveles de colesterol. Por tanto, también en los niños el nivel bajo de colesterol en sangre es insano. Y una vez más, la orientación oficial que se da a los padres es que reduzcan la ingesta de grasa de sus hijos para reducir su colesterol o mantenerlo en niveles bajos. En vez de ello, habría que decir a los padres que es mejor que dejen que el colesterol aumente de forma natural. Esto reducirá, en efecto, el riesgo de sus hijos de contraer enfermedades y morir.
La relación entre el colesterol bajo y el cáncer se conoce desde hace muchos años. Aunque no existen pruebas convincentes de que un nivel alto de colesterol guarde alguna relación causal con la enfermedad coronaria, no por ello los grandes laboratorios farmacéuticos han dejado de promocionar los medicamentos a base de estatinas como un medio seguro para proteger a la población frente a dicha enfermedad.
El intento extremo de reducir indiscriminadamente los niveles de colesterol, especialmente entre las personas mayores cuyos niveles altos de colesterol son normales y muy necesarios, ha provocado numerosos casos de cáncer en Estados
Unidos y en todo el mundo. Como han demostrado la mayoría de estudios, un alto nivel de colesterol en suero es un factor de riesgo débil o incluso nulo en los hombres de más de cincuenta años y de hecho incrementa la longevidad en los octogenarios.
Particularmente, las mujeres deberían cuidarse mucho de tomar estatinas. La mayoría de estudios han demostrado que un elevado nivel de colesterol en suero no es un factor de riesgo para las mujeres y, por tanto, no debería reducirse por ningún medio. La conclusión es que el colesterol protege al cuerpo frente al cáncer. La eliminación de esta protección natural es sinónimo de «suicidio involuntario». Tanto los ensayos con animales como con humanos han demostrado que se produce un aumento de la incidencia de cáncer cuando se reduce el colesterol mediante fibratos y estatinas. En el ensayo CARE, por ejemplo, el cáncer de mama aumentó nada menos que un 1.400 %. También existe una importante relación entre el bajo nivel de colesterol y los derrames cerebrales. El día de Nochebuena de 1997, un estudio muy importante ocupó las portadas de la prensa. Investigadores que dirigen el famoso estudio de l-‘ramingham (que continúa) afirmaron que «el nivel de colesterol en suero no guarda relación con la incidencia del derrame cerebral…» y señaló que, por cada 3 % más de energía obtenida de grasas ingeridas, el riesgo de padecer un derrame cerebral podría reducirse un 15 %. Ésta es su conclusión: «La ingesta de grasa y el tipo de grasa no guardan relación con la incidencia del resultado combinado de todas las enfermedades cardiovasculares o con la mortalidad cardiovascular total».
Todas estas pruebas publicadas, desde luego, no llevan a la gran industria farmacéutica a presentar más medicamentos cada vez más «inteligentes». Pronto los médicos recomendarán una pastilla para reducir el nivel de LDL y otro fármaco
para incrementar el nivel de HDL y reducir los triglicéridos. Algunos ya lo hacen. Esto no sólo duplicará el coste ya de por sí elevado que muchas personas pagan por los medicamentos a base de estatinas, sino que también agravará enormemente el riesgo de sufrir un derrame cerebral o de morir a causa de un cáncer o cualquier otra enfermedad.
Ahora se asocia incluso un comportamiento agresivo o el suicidio con los bajos niveles de colesterol. Desde 1992, los investigadores registran un aumento de los suicidios entre las personas que se someten a terapias o regímenes  dietéticos de reducción del colesterol. Al reducir el colesterol en sangre se merman, asimismo, los receptores de serotonina, lo que da lugar a una mayor microviscosidad y altera el equilibrio del metabolismo lipidico cerebral. Se considera que esto tiene profundas repercusiones en el funcionamiento del cerebro. Según datos facilitados por instituciones de salud mental, las personas agresivas y las que tienen una personalidad antisocial presentan unos niveles de colesterol en sangre más bajos que la media. Los enfermos mentales con elevados niveles de colesterol resultaban menos regresivos e introvertidos que los que tenían niveles bajos. después de muchos años de investigación sobre la enfermedad cardiovascular y sus factores de riesgo, hoy por hoy no existen pruebas que relacionen causalmente los altos niveles de colesterol con la enfermedad cardiovascular, la apoplejía o cualquier otra enfermedad, aunque, en algunos casos, ambos fenómenos pueden coincidir. La decisión de embarcarse en un tratamiento de reducción del colesterol de por vida en pacientes que tienen una hipercolesterolemia primaria depende de la interpretación que haga el médico de las pruebas disponibles. Sin embargo, tales pruebas sólo existen para quienes tienen un interés en mantener vivo el mito del colesterol. Al mismo tiempo, los verdaderos culpables o factores causantes de las enfermedades vasculares siguen siendo ocultados de la vista del público. No obstante, cada vez está más claro que una dieta rica en proteínas animales supone tal vez el mayor riesgo físico de sufrir lesiones arteriales y la consiguiente acumulación de placas que contienen colesterol.

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