El #aspartamo y otros edulcorantes mortíferos (A. Moritz)

El aspartamo es el edulcorante utilizado en los refrescos light y en miles de alimentos «dietéticos». Donald Rumsfeld, cuando era director general de un importante laboratorio farmacéutico, consiguió el permiso para comercializar este alimento/medicamento tóxico bajo el gobierno de Reagan. Aprovechó su influencia política para ocultar un informe toxicológico de la FDA que indicaba que el aspartamo no sólo provocaba cáncer, sino también tumores cerebrales. En 1996, la FDA publicó una lista de 92 reacciones adversas al aspartamo —entre las que figuraban convulsiones, ceguera, obesidad, tumores de mama y cerebrales, disfunción sexual e incluso casos de muerte—, todas ellas recopiladas a partir de las quejas de 10.000 consumidores.
Mediante sagaces campañas publicitarias se hizo creer a la población mundial que el aspartamo y todos los demás edulcorantes artificiales no eran más que simples aditivos alimentarios inofensivos que proporcionan un sabor dulce y, al mismo tiempo, ayudaban a las personas a mantenerse delgadas o incluso a perder algunos kilos. Sin embargo, en realidad, los edulcorantes están patentados como «potenciadores del apetito», y, desde luego, cumplen lo que prometen: provocan en el consumidor un deseo irreprimible de comer gran cantidad de hidratos de carbono y, por
tanto, hacen que engorde.
Ahora, el aspartamo ha sido patentado como medicamento para tratar la anemia falciforme, una de las muchas enfermedades de la que es responsable. El investigador Carl Manion observó que una sola dosis de aspartamo reducía el recuento de células falciformes en la sangre. El aspartamo, al metabolizarse, se transforma en ácido fórmico, una sustancia tóxica que va de célula en célula matándolas a todas y dejando una ampolla de tejido muerto.
El aspartamo es un veneno sinergístico basado en metanol. El metanol causa graves defectos congénitos e importantes trastornos del desarrollo, como autismo y déficit de atención en los descendientes de consumidores de aspartamo. Desde la década de 1950, cuando se empezó a ofrecer masivamente aspartamo, glutamato monosódico y flúor a nuestros jóvenes junto a los devastadores programas de inmunización, el cociente de inteligencia medio de los licenciados universitarios ha descendido un 10 %.

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