Acabar con el mito del vínculo entre colesterol y cardiopatía

url

¿Por qué no se ha visto nunca una vena del cuerpo obstruida por un cúmulo de colesterol? ¿Por qué el colesterol se adhiere a las paredes de las arterias, mientras que no lo hace en las venas? ¿Es en realidad la naturaleza ad-herente del colesterol la que explica el bloqueo de paredes vasculares sanas?

Las respuestas a estas preguntas pueden depararnos una sorpresa. El organismo utiliza, efectivamente, la lipo-proteína llamada colesterol como una especie de venda para cubrir los rasguños de las paredes arteriales dañadas como lo hace con cualquier otra herida. El colesterol no es nada más y nada menos que un salvavidas. Sin embargo, en los últimos 38 años, esta lipoproteína ha sido estigmatizada como causante de la enfermedad más mortífera de los países ricos: las cardiopatías.

Esto es lo que dice la teoría: por motivos que en realidad se desconocen, una forma de colesterol que se ha ganado el epíteto de «malo» aumenta de alguna manera en el flujo sanguíneo de millones de personas en nuestros días; se adhiere a las paredes de las arterias y finalmente impide que llegue oxígeno y nutrientes a los músculos del corazón. Así, los médicos urgen a la población a que reduzcan la ingesta o prescindan totalmente en su dieta de grasas que contienen colesterol para poder vivir sin miedo a sufrir una oclusión arterial o a morir de un infarto de miocardio. La seria preocupación de ser atacados por esta lipoproteína «maligna» ha dado pie finalmente al desarrollo de tecnologías innovadoras que permiten incluso extraer el colesterol del queso, los huevos y las salchichas, de modo que estos alimentos «mortíferos» se tornan «seguros» para el consumidor. Los productos pretendidamente bajos en colesterol, como la margarina o los productos light, se han convertido en una alternativa popular de «comida sana».

El colesterol no es el culpable

Sin embargo, como ha demostrado el estudio INTER-HEART, entre otros, el colesterol no es ni mucho menos un importante factor de riesgo cardiovascular. Un estudio anterior, patrocinado por el Ministerio de Investigación y Tecnología de Alemania, demostró que no existe ninguna relación precisa entre el colesterol de los alimentos y el colesterol de la sangre. Todavía más sorprendente es el hecho de que en Japón hayan aumentado los niveles de colesterol en sangre durante los últimos años, mientras que el número de ataques cardíacos ha disminuido. El estudio de salud más amplio que jamás se ha llevado a cabo sobre los riesgos cardiovasculares tuvo lugar en China. Como tantos otros estudios similares, el estudio chino no halló ninguna relación entre la enfermedad cardiovascular y el consumo de grasas animales.

En un estudio cardiológico de ocho años de duración, los investigadores observaron a 10.000 personas con elevados niveles de colesterol. La mitad de ellas recibieron un medicamento de éxito basado en estatinas. A las demás se les dijo que simplemente tomaran una dieta normal e hicieran suficiente ejercicio. Los resultados fueron una gran sorpresa para los científicos. Aunque el medicamento a base de estatinas redujo el nivel de colesterol en suero, esto no repercutió en modo alguno en la tasa de mortalidad, en el número de ataques al corazón no mortales y en la incidencia de la enfermedad cardiovascular con resultado de muerte. En otras palabras, los consumidores de estatinas no mostraron ninguna ventaja con respecto a quienes no habían recibido tratamiento alguno. Sin embargo, se habían pasado ocho años tomando un medicamento costoso con espantosos efectos secundarios, como el riesgo de fallo hepático, desgaste muscular e incluso muerte súbita. La reducción del nivel de colesterol mediante la administración de medicamentos o la ingesta de dietas bajas en grasa no reduce el riesgo de desarrollar una enfermedad cardiovascular.

Todos los principales estudios europeos de larga duración sobre el colesterol han confirmado que una dieta baja en grasas no reduce el nivel de colesterol en sangre en más del 4 %, y que en la mayoría de los casos lo hace en un

1 o un 2 %. Puesto que los errores de medición suelen ser superiores al 4 % y los niveles de colesterol aumentan de forma natural en un 20 % en otoño para descender de nuevo durante el invierno, las compañas contra el colesterol lanzadas desde finales de la década de 1980 han sembrado mucha confusión, por no decir más. Un estudio más reciente de Dinamarca que incluyó a 20.000 hombres y mujeres, en efecto, ha demostrado que la mayoría de pacientes del corazón tienen niveles de colesterol normales. La conclusión es que no se ha demostrado que el colesterol sea un factor de riesgo.

La visión que tienen actualmente los médicos acerca de la cuestión del colesterol es más que incompleta. El argumento de que la experimentación animal con conejos confirma que los alimentos grasos provocan el endurecimiento de las arterias suena convincente, pero sólo si se omiten los siguientes hechos:

1. Los conejos responden con una sensibilidad 3.000 veces mayor al colesterol que los humanos, y aunque por naturaleza son animales no carnívoros, son alimentados a la fuerza con cantidades excesivas de yema de huevo y sesos para demostrar que los alimentos que contienen colesterol son nocivos.

2. El ADN y los sistemas enzimáticos de los conejos no están concebidos para el consumo de ácidos grasos, y si pudieran escoger, estos animales nunca comerían huevos o sesos.